La canción era fragor,
Y el címbalo estridente.
No conocía la legítima bienquerencia.
Ahora vivo en un festivo mundo,
En el armonioso recital.
La buenaventura llegó a mi vida fútil
Desde que te tengo.
Otra vez recuerdo mi pasado sin ti,
Para gozar y exaltar mi presente a tu lado.
Zaherido de la vida, vacío, en soledad, Confinado a la desdicha.
Amada, deseo de mis ojos, de quien mis pensamientos se ocupan;
Tú y yo somos el todo, y lo único.
Otra vez mis letras como antes se despiertan, se agitan fuertemente por ti, fuente de inspiración.
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