Ave peregrina,
que fatigada vas,
buscando el amor,
deambulando en cariño falaz.
La ternura te imaginas,
pero solo la raición y desventura has encontrado.
Mi corazón se partió en mil pedazos
al verte llegar,
y cada pedazo derramó una lágrima.
Pobrecita, fatigada, sedienta de amor.
Con un nudo en la garganta te dije:
Ya no sufras más,
Ven bajo mi sombra, refresca tu sed. Sacia tu hambre de amor
con mis frutos,
Mis pámpanos están llenos de sarmientos.
¡Bébelos ave viajera!
Recobra tus fuerzas,
que el cuidarte es la savia de mis ramas.
Y mi mosto el amarte siempre,
Ya un día, ya un mes, ya un año...
Toda mi vida es para ti.
Nunca más la soledad,
nunca más la tristeza será tu maldición, nunca más errabunda estarás.