Yacía mi alma sosegada.
Allí en la quietud te evoqué,
Y desde allí te llamé;
Y entre los céfiros
Te llamé a voz de viento...
Entonces tú emergiste
Desde la sima marina,
Entre el séquito marino.
Y divise tu figura...
En el vaivén de las olas,
Tus cabellos tremolaban
Por el solano costero,
Con tu collar de ámbar
Y tus zarcillos de oro;
Con el alga entre tus pies,
Sobre mar de jade,
Con tu piel bronceada
Cubierta de nácar.
Ante tu epifanía
Estuve inhiesto,
Y corrí a tu encuentro
Por el muelle...
Y al encontrarte
No tuve palabras;
Solo se escuchaba
El latir de nuestros corazones;
Los cuales se unían
Como océanos bajo
El cielo estelar.
Y así juntos zarpamos,
Desde el atlántico
Hasta el mediterráneo,
Guiados por las estrellas,
Hasta las ínsulas grecas
Donde nacen las musas,
Donde se forja el poeta,
Donde se ama con amor eterno...
Y hasta hoy te tengo,
Hasta hoy me tienes;
Tú y yo por siempre,
Mujer marina, mi amiga, mi amada.
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